Hoy, gracias a una conversación con una alumna me han venido algunas reflexiones.

Cuando después de un tiempo empiezan a aparecer preguntas como el porqué de la práctica de asanas, el porqué de venir a una escuela, si además, ésta práctica (hablo del estilo Mysore), puede hacerse en casa, solx.

¿Qué pasa en nosotros cuando nos parece que hacemos las asanas “perfectas”, bonitas, que ya no estamos profundizando….

Cuando algunas de estas preguntas aparecieron en mi cabeza, que también aparecieron, a mí, primero, me sirvió cambiar el por qué por el para qué.

El para qué cobró sentido cuando el por qué no lo tenía, ya que desde ahí pude entenderme y darme cuenta de algo que nace o viene desde mí.

El para qué me conecta con el sentido que para mí tienen las cosas, la dirección, el hacia dónde….

Con el por qué, me enrosco fácilmente en ningún sentido. En Gestalt llamamos al por qué “el ayudante de la masturbación mental”.

Es fácil, yo creo, que cuando llevamos un tiempo de práctica lo que parecía al principio difícil, se vuelva fácil y lo novedoso, rutinario.

De repente, la práctica se vuelve placentera cuando hay un avance físico y hasta podemos engañarnos a nosotros mismos pensando que en esa “aparente facilidad” encontramos la profundidad.

¿Pero qué pasa cuando la práctica de asanas se estanca? ¿Qué nos sucede cuando ya no hay avance?

Cuando aparece un asana complicada empezamos a sentir y a experienciar la frustración, la desmotivación, la desgana, el dolor, el vacío…

¿Y qué pasa? Pues que en general, abandonamos…. Y que todas las razones que nos servían para practicar, se tornan en las excusas para dejar de hacerlo.

 

En mi experiencia, recuerdo cuando apareció Kapottasana…. Recuerdo el enfado y la frustración que sentí cuando Matthew me paró en esa postura.

Le pregunté: ¿Por qué hacemos posturas? Si el sentido de la práctica es llegar a la mente, ¿qué sentido tienen las asanas?

“Armi, yo te veo disfrutar cuando practicas, veo tu enfoque y la profundidad de tu mirada, ahora te toca trabajar desde lo que no puedes conseguir a la primera. Te toca profundizar con la dificultad”.

¿No es eso también lo que nos pasa en las relaciones? Ahora esas palabras tienen sentido para mí, incluso en mi vida privada….

 

Cuando el vacío aparece en la relación con tu práctica, tu pareja, tú mismo, lo primero que sentimos son las ganas de salir corriendo.

Cuando la frustración, dificultad, el no-disfrute, el no-placer reina tu vida el movimiento suele ser en una dirección: hacia afuera; o en una palabra: ESCAPAMOS.

Saltamos a otra cosa, a otra actividad, a otra pareja, a otra asana… pero ¿y si te quedas? ¿Y si trabajas desde otro movimiento?

 

Yo he aprendido gracias a sentirme estancada, frustrada, cansada y dolorida que desde mi carácter el movimiento necesario, es el de ir hacia atrás y hacia adentro. Esa para mí, ha sido la verdadera salida.

Y ese ha sido el inicio de la verdadera transformación personal. Ha sido desde ahí que la práctica de asanas ha cobrado más sentido.

Ese ha sido uno de los grandes darme cuenta…Pero ha sido desde el dolor, no desde la alegría.

Si la práctica de Yoga no llega a transformar en algo tu vida, o tu existencia; si no te para y te hace reflexionar…nada has conseguido; o mejor dicho, poco has conseguido.

 

El motivo o la razón por la que empiezas a practicar Yoga quizás no sea lo más importante sino, para qué te quedas.

Y a veces, para sentirnos mejor físicamente ya es una respuesta muy grande, inmensa. Quizás no lo vemos, ahora, porque nuestro cuerpo es aún joven. Para una alumna de setenta años (las tenemos), esa razón, es enorme.

 

¿Y puede o podemos nosotros como profesores transformarte la vida? NO. O yo al menos, creo que no.

Esa es la misma caca (con perdón) de siempre de poner en el otro las responsabilidades de lo que tú como alumno no has sabido, o no has querido hacer por ti mismo.

 

Ser profesor no es difícil, es dificilísimo. Y nosotros como tal, podemos abrir una puerta cada día para que tú practiques pero atravesar esa puerta es decisión tuya y sólo tuya.

 

Mi función es acompañarte cuando avances y seguir acompañándote cuando no lo haces….Yo, como profesora, puedo abrirte la puerta pero atravesar el dolor, el enfado, la tristeza; transformar tu vida es una opción tuya y desde ti.

 

Una de las cosas más importantes y desde luego difícil es mantener una actitud de principiante, de novato. Cuando empezamos a creer que sabemos algo o todo, o que ya no tenemos nada más que aprender, el Ego se manifiesta en todo su explendor, y desde mi punto de vista….lo has perdido todo.

 

Mantener una visión ecuánime, humilde….ese es el reto.

Una vez, Tomás, en un retiro dijo: “Los alumnos que se creen avanzados, son los más complicados, porque se olvidan de la frescura del principio, el mirar la práctica con ojos nuevos, descubrir, asombrarte….

 

Y ahora cito a Richard Freeman: “Hay alumnos que salen por la puerta, justo en el momento en el que más deberían de quedarse”.

 

OM SHANTI.

 

Arminda.

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